Parashat Vaerá – Medida contra medida

¿Era necesario enviar tantas y terribles plagas para liberar a los israelitas de Egipto? ¿No podía Hashem hacerlo en un segundo? Claro que sí, entonces… cuál fue la necesidad de todo esto.

Hay un principio fundamental de la física, y es que la energía nunca desaparece, se transforma; energía potencial se convierte en cinética, energía hidroeléctrica se convierte en lumínica, lumínica en calórica, etc. Pues lo mismo sucede con la energía espiritual, de alguna forma se transforma y retorna, sea de manera positiva o negativa. Esto es un principio básico para el equilibrio del universo y es imposible evadirlo.

Durante siglos los egipcios derramaron sobre los esclavos hebreos energía negativa, toda clase de crueldades que más tarde recibieron de vuelta a través de las terribles plagas. Así, el Nilo se convirtió en sangre como consecuencia de los niños hebreos que ellos ahogaron en él; el polvo se convirtió en piojos porque obligaban a los hebreos a barrer el polvo de las calles, una tarea sin término; como tampoco les permitían bañarse, pero si los obligaban a preparar sus baños, con la plaga de úlceras no se podían bañar; etcétera, etcétera. Cada plaga correspondía a una forma en que esa energía negativa se devolvía de forma justa para restaurar el equilibrio de la justicia.

A este principio espiritual nuestros sabios lo llamaron “Midá kenegued midá” (medida contra medida). Todo acto bueno o malo, tiene su consecuencia equivalente, ya sea de inmediato o de forma muy tardía, en esta reencarnación o en la siguiente, el balance de la energía espiritual siempre se dará. De igual manera cada uno de nuestros actos está generando una transformación en nuestro entorno, y tarde o temprano regresa como un bumerán. Por eso es precioso pensar y meditar cada acto, cada palabra.

Que recibamos solamente bendiciones y seamos librados de las plagas que hirieron a los egipcios.

Shabat Shalom umevoraj!
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodriguez

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