Iniciamos un nuevo libro de la Torá, Shemot, en dónde se nos relatan las maravillosas historias relacionadas con la salida de los israelitas de Egipto y su redención de la esclavitud. La Torá nos cuenta en esta Parashá los orígenes de Moshé como líder y sus conflictos internos.
En un episodio bastante conocido gracias al cine, Moshé se encuentra hablando con Dios frente a una zarza ardiente, un arbusto del desierto que se encuentra en llamas y a pesar de eso no se quema. Nuestros sabios, de bendita memoria, comparan a este arbusto con Am Israel, que, a pesar de las persecuciones, el exilio y el sufrimiento, el fuego no consigue destruirlo, por el contrario, se convierte en el vehículo a través del cual Dios comunica su mensaje.
De aquí podemos aprender cada uno de nosotros cuáles son las cualidades necesarias para convertirse en un instrumento de Dios. La zarza es un arbusto que poco tiene de atractivo, es pequeño, no muy frondoso, pero aun así sobrevive en el desierto. La humildad, representada en la zarza y también en la figura de Moshé Rabenu, son la característica principal que busca el Santo, Bendito Sea, en cada uno de nosotros. Sin humildad es imposible percibir la Divinidad.
Por otro lado, nadie logra realmente conectarse con su alma superior sino es a través del fuego. Los sabios también comparan a la Torá con el fuego, es decir, ya sea a través del fuego de la prueba o a través del fuego de la Torá, podremos escuchar la voz de Dios y entender nuestra misión y el propósito de nuestra vida.
Qué tipo de fuego nos vaya a recordar nuestra humilde naturaleza, es muchas veces nuestra decisión. Así como Moshé descubrió su misión y el potencial de su grandeza frente a la zarza ardiente; así nosotros podamos ser humildes para llegar a ser grandes.
Shabat Shalom umevoraj!
Rab. Sem. Yaakov Rodriguez
