Nos encontramos nuevamente a las puertas de un nuevo año y con esto una vez más entramos en el profundo proceso espiritual al que llamamos Yom Hadín (el día del juicio). La balanza está dispuesta, nuestras acciones y palabras colocadas para ser pesadas, nuestros corazones estremecidos de reverencia y asombro. Un ciclo ha sido completado y la pregunta se erige como un testigo acusador frente a cada uno: ¿Qué has hecho con tu tiempo? ¿Cómo has honrado la vida que se te otorgó como regalo durante todo este año?
Cada día de vida es un voto de confianza que Hashem deposita en nosotros, pues Él cree en nuestro potencial para traer luz y transformar Su mundo. En Rosh Hashaná damos explicaciones por ese voto de confianza, pasamos por la auditoria de nuestros actos. Este día sagrado nos llama a ser conscientes de que nuestro actuar no pasa desapercibido, genera consecuencias siempre, para bien o para mal, y así mismo nuestra inacción; luz u oscuridad, son los dos únicos resultados posibles.
En la Parashá de Shabat Shuvá este año, Haazinu, Moshé Rabenu enseña al Pueblo Judío una canción de advertencia, como testigos los cielos y la tierra, una exhortación a recordar nuestra misión como judíos, nuestro compromiso con la Torá, con reparar al mundo, Tikún Olam, a dejar atrás la inconsciencia y la indiferencia de una vida sin sentido.
Quiera D’os que las voces del Shofar despierten nuestras consciencias dormidas, traigan a memoria aquellas cosas ya olvidadas y abran las puertas del Cielo a nuestras oraciones.
“Que acabe el año con sus maldiciones, que empiece el año con sus bendiciones”
¡Leshaná Tová Tikatvú veTijatmú!
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodríguez
