YOM KIPUR – El retiro definitivo

Nuestro mundo se balancea entre dos tendencias actuales, por un lado, vemos una inclinación cada vez más profunda hacia la superficialidad, hacia el valor de lo físico y lo aparente, un hedonismo que los griegos mismos nunca imaginaron posible, un culto absoluto al cuerpo, a la saciedad de los placeres sin ningún tipo de control o restricción. Por otro lado, un despertar espiritual, dirían algunos, cada vez más personas buscando caminos hacia la reconexión con su espiritualidad a través de la meditación, el mindfulness y el redescubrimiento de sabidurías ancestrales, un volver a lo básico, a las fuentes de la existencia. Cada vez más personas en todo el mundo buscan de experiencias inmersivas e invierten grandes cantidades de dinero en “retreats” “retiros espirituales” en donde buscan encontrar esa reconexión interior y cósmica, respuestas para la vida.

La Torá nombra a Yom Kipur como Shabat Shabatón (el Shabat de todo Shabat), y si bien ya hemos en otros momentos estudiado como Shabat es una absoluta experiencia espiritual inmersiva en el tiempo, un momento de la semana que nos permite reconectar con nuestra verdadera esencia, Yom Kipur es “The Ultimate Retreat”, el mayor y más poderoso de los retiros espirituales. Un día dedicado en absoluto a la desconexión de lo físico por un período de 25 horas, donde negamos a nuestro cuerpo los placeres más básicos, animales e instintivos, para dar paso al despertar de la consciencia espiritual a través de los sentidos de la Neshamá, del alma. Un día para asemejarnos más a lo que realmente somos, ángeles, seres espirituales de luz, impregnados de Divinidad. La energía cósmica que trae sobre el mundo el día más sagrado del año nos permite conectar con los niveles más elevados y profundos de sabiduría y entendimiento, es un día de respuestas, si aprendemos a escuchar con atención.

Yom Kipur, es el día de expiar, de eliminar todas aquellas acciones, pensamientos y emociones que nos han aislado de la luz y nos han sumido en la oscuridad del rencor y el odio, la duda y la confusión, la desesperación y la depresión, la apatía y la indiferencia, el egoísmo y el individualismo; es el día para reconectar con el Amor, con los tres tipos de amor: el amor propio, el amor al prójimo y el amor a D’os; y para cada uno de ellos una herramienta que la sabiduría judía nos ha legado: la Teshuvá, la Tzedaká y la Tefilá.

Cada vez que la oscuridad de los errores y las faltas introducen al mundo oscuridad, el amor llena al universo de la luz primordial, “Or Haganuz” la luz oculta desde la Creación. En este día tenemos la capacidad de traer esta luz nuevamente a nuestro plano terrenal a través del amor. Cuando nuestra más poderosa proclama de fe, “Shemá Israel Adonai Elohenu Adonai Ejad” culmina con esa palabra “Ejad”, la Unidad absoluta, la ausencia de cualquier otra cosa que no sea la Divinidad, esa experiencia inmersiva constante que significa D’os en el monoteísmo judío, es sostenida únicamente por la siguiente palabra del texto de la Torá: “veahavta” (y amarás), la conjunción “ve” (y) nos implica la conexión sine qua non entre la unidad y el amor. No puede existir el Ejad, la unidad divina, sin la presencia del amor; lo contrario es la separación y la división.

Es por eso que durante estos días temibles, iniciados en Elul, intensificados a partir de Rosh Hashaná y en su máximo cenit durante el día de Kipur, nos llaman a reconectar con el amor nuevamente, con el amor propio a través de la Teshuvá, de ese retorno misericordioso y compasivo hacia nosotros mismos, para vernos no bajo el lente de la culpa sino desde el potencial divino contenido en cada uno de nosotros; con el amor al prójimo a través de la Tzedaká, de la capacidad de desprendimiento manifestada en el deseo de dar y compartir en un acto de amor no egoísta viendo al otro como una extensión de nosotros mismos; y finalmente, a través del más elevado de los amores, Ahavat Hashem, el amor a D’os, a esa máxima consciencia y origen de existencia que conecta todo y a todos en ese acto de absoluto amor puro, desinteresado y libre de toda necesidad, al que llamamos Creación, que nos dio y nos da cada día la oportunidad de vivir y manifestar nuestro propio acto creativo en el mundo, nuestro legado, nuestro Tikún.

Este Yom Kipur, no desaprovechemos la oportunidad que la energía divina de este día nos brinda, una Mikveh hecha no de agua, sino de tiempo y de luz, en la que sumergiéndonos cinco veces a través de sus cinco tefilot (plegarias) podamos salir completamente purificados y listos para reparar el mundo a través de un amor eterno, Ahavat Olam.

Gmar Jatima Tova

Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodrigues

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