Con el agua hasta la nariz
Pocos conocen a Najshón ben Aminadav, el príncipe de la tribu de Yehudá que fue el primero en entrar al agua cuando las aguas del Mar Rojo o Yam Suf se partieron.
Cuenta la Torá que, en medio de la desesperación del pueblo, al verse acorralados por los ejércitos de Faraón contra el mar, Moshé y todos ellos empezaron a clamar a Hashem. Él les contestó: “porqué me clamas? diles que anden…” posteriormente que empezaron a andar el mar se abrió.
El Midrash explica que, ante semejante orden tan irracional, el primero que tuvo fe suficiente para levantarse y andar fue Najshón ben Aminadav. Entro al agua y cuando tenía el agua hasta la nariz y estaba a punto de ahogarse, el mar se abrió.
Esta historia nos representa a cada uno de nosotros en sus propios “mares” que obstaculizan nuestro camino. En nuestras vidas muchas veces nos sentimos acorralados y necesitamos un milagro. Lo que Dios nos quiere decir, es que el milagro ya fue creado para nosotros, pero no sucederá a menos que con fe, caminemos y entremos al agua, y aun sintiendo el agua por la nariz, tengamos certeza que el mar se abrirá.
Se necesitan dos socios para crear milagros, Hashem y cada uno de nosotros. En el mundo de Asiah (acción) somos nosotros a través de nuestro accionar los que hacemos que los milagros que se encuentran en los mundos superiores se manifiesten.
Shabat Shalom umevoraj
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodriguez
