Parashat Vayakhel – Devolverle al Shabat su corona

En el desierto el proyecto más grande, sin lugar a dudas, que nuestros ancestros llevaron a cabo fue la construcción del Mishkán y todos sus utensilios, así como las vestiduras de los kohanim. Este proyecto involucró absolutamente a todas las personas, dirigidos por Betzalel se desarrollaban las labores de recolección, tejido, tinción de telas, construcción, recamado, orfebrería y metalurgia, herrería, etc, etc. Debió ser un momento sumamente emocionante para todos, por primera vez desde su liberación como esclavos, estaban haciendo algo por sí mismos para sí mismos. Tan emocionados estaban que no querían descansar hasta acabar la obra.

Justamente por esta razón, antes de que el pueblo iniciara la magna tarea de construir el Mishkán, la Parashá inicia ordenando: “seis días realizarás labor, pero el séptimo día será sagrado para ustedes…” De esta manera D’os instruye al Pueblo acerca de la obligación de descansar en Shabat a pesar de lo motivados que estaban con este proyecto. Ni siquiera la construcción del Santuario donde D’os haría residir Su Presencia, era una excusa suficiente para no hacer una pausa en la semana a través de la contemplación del Shabat.

El Shabat es una isla en el tiempo, es una isla de reconexión con lo divino, con nosotros mismos, con los demás. Es el momento de la semana que nos permite recordar para qué estamos construyendo ese Mishkán. Alegóricamente, todos nosotros estamos viviendo en el desierto de este mundo, y al mismo tiempo construyendo, a través de toda nuestra labor bajo el sol, un lugar en este mundo donde pueda residir la Presencia Divina, la Shejiná. Esa es al final la misión de cada alma, construir un espacio de divinidad en el mundo físico. No obstante, es muy fácil obsesionarse con la tarea al punto de olvidar su propósito. Constantemente la gente se centra en los detalles, en el hacer y el tener, al punto que olvidan la razón por la que hacen lo que hacen. Para evitar eso está el Shabat.

D’os sabía que esto podría pasar y por eso ordenó a Moshé advertir a los hijos de Israel que no olvidaran guardar Shabat, antes de que iniciaran las labores de construcción. D’os sabía de nuestra naturaleza, de cómo fácilmente en medio de nuestro afán por el mundo físico olvidaríamos nuestro origen divino; por eso nos dio el Shabat, un día para recordar el propósito de nuestra existencia en este mundo.

En esta Parashá la Torá también menciona la prohibición de “encender fuego” o extinguirlo durante Shabat, la única melajá (labor) que la Torá menciona de manera explícita; ¿y porqué es tan importante mencionar esta? Podría haber dicho ‘no sembrarán’ o ‘no construirán’. La Torá menciona esta melajá en particular, porque el fuego representa el potencial creativo del ser humano, su capacidad única de manipular el mundo físico. En Shabat se nos pide renunciar a esa capacidad, a poner a un lado nuestro ego, y reconocer nuestra pequeñez. Le devolvemos al Creador Su mundo.

Por eso es tan importante encender las velas de Shabat en su horario y hacer Havdalá encendiendo una vela. Terminamos e iniciamos nuestra semana laboral con fuego. Terminamos nuestro viernes con una última acción creativa, aquella que representa nuestra capacidad única entre las criaturas y así hacemos pausa y recordamos el propósito de esa capacidad. Una vez refrescados y reenfocados retornamos a nuestras labores encendiendo la vela de Havdalá, una llama más grande y más fuerte que la del viernes, volviendo a asumir nuestra responsabilidad en el mundo, pero con un sentido de propósito. Para eso era necesario abandonar el fuego durante un día completo, el Shabat, que al final es el combustible que fortalece el fuego de la Torá en nuestros corazones para toda la semana.

En la medida que le devolvemos al Shabat su lugar, nuestro proyecto de construcción en este mundo será más exitoso y significativo.

Shabat Shalom umevoraj!
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodriguez

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