English translation found below
Cada año, al avecinarse la festividad de Pésaj, las redes sociales y los mensajes de Torá aquí y allá se llenan de la palabra “Libertad”, reflexiones sobre la importancia de este valor y derecho universal, de cómo debemos luchar por ella y cómo Pésaj nos llama una vez más a apreciar su importancia. Sin embargo, la mayoría del tiempo hablamos de la libertad con tanta naturalidad que asumimos entender de qué se trata y no reflexionamos suficiente sobre su significado real.
El pasado Shabat Hagadol, durante la discusión de la Torá en la mañana, pregunté a mi congregación cómo definirían “libertad”. Al inicio nadie fue capaz de dar una respuesta concreta, a pesar de que todos asumían saber qué era inicialmente. Por el contrario, surgieron muchas respuestas sobre lo que no era la libertad y si realmente existía. Se dieron respuestas como:
- Es la capacidad de poder decidir lo que uno quiere.
- Significa poder actuar sin que nadie le imponga qué hacer.
- Es el libre albedrío.
- La libertad realmente no existe, porque estamos condicionados por el sistema en que vivimos.
- Si el gobierno o mis padres deciden por mí ¿soy libre?
- Si uno está obligado a cumplir con leyes y normas, ¿es eso realmente libertad?
El concepto de libertad que manejamos el día de hoy en occidente responde a una evolución histórica desde la antigua Grecia hasta los pensadores contemporáneos. Para los griegos “Eleutheria” (libertad), significaba la capacidad de poder participar en la vida política (polis), los romanos definieron “Libertas” como la condición de no ser esclavo y tener derechos legales. En la Europa medieval la libertad fue asociada a un concepto religioso relacionado con el estar libre de pecado y poder alcanzar la salvación del alma. No es hasta la Ilustración de la Edad Moderna que la reflexión sobre el concepto de libertad se profundizó en medio del despertar del humanismo, y figuras como John Locke y Jean-Jacques Rousseau hablan de la libertad como un derecho natural que responde a la autonomía colectiva basado en la capacidad de la libertad de pensamiento. Entre los siglos XIX y XX la discusión entre capitalismo vs socialismo se centra en si la libertad implica la no interferencia del Estado o como decía Marx “sin verdadera igualdad económica no hay libertad”. En el mundo del siglo XXI la mayoría de los sistemas entienden libertad como la garantía de derechos políticos como el voto, sociales como la salud y la educación, e incluso digitales como la privacidad y el acceso a la información. No obstante, en todos estos casos surgen las limitaciones, hasta dónde es posible la libertad cuando invade el espacio del otro, ¿es eso verdadera libertad?, y si para proteger los riesgos de la anarquía y el desorden es necesario imponer restricciones ¿es la libertad realmente posible o solamente una utopía? Es evidente que si se compara un régimen opresivo como el de la República Islámica de Irán con una democracia plena como la de Costa Rica, la diferencia sobre libertades salta a la vista. Pero aquí la pregunta que nos atañe es: ¿es esta la libertad de la que nos habla Pésaj?
Vamos ahora al judaísmo, cuyo concepto de libertad no ha cambiado significativamente desde la historia del Éxodo de Egipto, pasando por los sabios del Talmud y la Kabbalah. Leemos todos los años en la Hagadá “Avadim hayinu leparó bemitzraim” (fuimos siervos del Faraón en Egipto), y celebramos los milagros y acontecimientos que concluyeron en nuestra liberación de los sufrimientos y opresiones que nos impedían la autodeterminación como nación. Luego viene la Torá y dice más adelante en el libro de Vayikrá 25:55 “Ki li Bnei Israel avadim” (pues los hijos de Israel son mis siervos), es decir que D’os nos liberó de ser siervos de Paró para ser ahora siervos suyos; ¿no es esto una contradicción con el concepto de libertad? si simplemente cambiamos de amo, entonces seguimos siendo esclavos, ahora de un amo benevolente, pero esclavos al fin; ¿o no? Si basamos nuestro concepto de libertad en nuestra comprensión moderna de esta, no hay forma de reconciliar este anacronismo. Sin embargo para el judaísmo la libertad no tiene nada que ver con la visiones grecorromanas o del renacimiento.
En hebreo la palabra utilizada para libertad es Jerut חירות, y está asociada directamente al siguiente hito histórico que vino seguido a la redención de la esclavitud en Egipto, la dádiva de la Torá, el establecimiento de la ley, de la normativa etico moral que debía regir de ahora en adelante la vida de los israelitas. Para la Torá la libertad está intrínsecamente asociada a la capacidad de asumir responsabilidad sobre las acciones propias y colectivas y restringir los impulsos del comportamiento, a eso que llamamos Yetzer Hará, a través de normas y preceptos que me ayudan a elevarme espiritualmente para alcanzar mi máximo potencial como persona.
Dijeron nuestros sabios acerca de las Lujot Habrit (las tablas de la Ley) que estaban grabadas en piedra por el dedo de D’os, “Al tikré jarut ela jerut” no leas “jarut” (grabada) sino “jerut” (libertad); y haciendo un juego de dos palabras muy similares en hebreo, definen la libertad como la Torá misma. Es decir, que si una persona se somete al cumplimiento de las Mitzvot, esa persona será libre. Libre de su mal instinto y de sus pasiones, libre de su naturaleza física, instintiva y reactiva, que dará libertad a su conciencia elevada y a su alma para descubrir la naturaleza misma del propósito de la Creación.
La palabra Jerut חירות, puede ser dividida también en dos palabras:
rut רות y jay חי. Como todos sabemos חי significa “vida”, por otro lado la palabra רות es el nombre propio de un personaje central en la historia bíblica y cuya Meguilá leemos en la festividad de Shavuot que cierra el proceso de redención iniciado en Pésaj, Rut la moabita. El significado de su nombre ha sido asociado a derivaciones de palabras como amistad, compañerismo, ver y comprender o de quien desciende una gran estirpe, en referencia a su bisnieto el Rey David, figura predecesora del Mashíaj. Una guematria popular para la palabra רות explica que el valor numérico de este nombre es 606, si a este valor sumamos 7, obtenemos 613, Tariag Mitzvot, el número de preceptos contenidos en la Torá. Es decir que si bien inicialmente Rut estaba solamente obligada a cumplir con las 7 Mitzvot de los Bnei Noaj, su decisión honesta y profundamente llena de amor de unirse a Am Israel le sumó esas otras 606 Mitzvot junto con sus méritos; y esto le dio vida. Hay vida en el cumplimiento de la Torá, y esa es una vida de libertad. Pero sigue abierta la pregunta ¿qué es entonces la libertad? ¿cuál es su verdadero propósito? ¿solamente que seamos siervos autómatas que cumplen con la voluntad de un Ser Supremo?
Pregunté este Shabat Hagadol también a la congregación si un tigre en una jaula es libre o no, la respuesta es unánime, no lo es, pero ante la pregunta de porqué no es libre, la respuesta no es tan simple. ¿No es libre simplemente por el hecho de estar en una jaula? Inconscientemente entendemos que estar en una jaula no es su estado natural, debería estar en la selva, cumpliendo con su función como depredador en el ecosistema, el tigre es libre en tanto puede cumplir con su propósito. El tigre no está libre de restricciones, no puede hacer todo lo que él quiere, no puede volar, ni comer pasto, ni trepar a los árboles, tiene una serie de capacidades para cumplir con su rol y de limitaciones naturales que le impiden ir más allá de su función y protege el equilibrio natural de su entorno para que las otras criaturas puedan al mismo tiempo cumplir su rol dentro de sus capacidades y limitaciones. Todo el ecosistema está regulado de esta forma para que haya equilibrio y convivencia, está sometido a leyes físicas y biológicas, y allí todos son libres.
Cada uno de nosotros está en este plano de existencia con un propósito, a todos nos han sido dados dones y habilidades extraordinarias, pero también limitaciones y leyes que nos restringen. Es en este equilibrio donde está la verdadera libertad. No se trata de hacer lo que quiero, se trata de hacer lo que debo, lo que me corresponde hacer dentro de mi ecosistema espiritual. Es por eso que la Torá vino a darnos verdadera libertad, porque marca un camino que regula y ordena nuestras vidas para que cada uno pueda desarrollar plenamente una vida llena de propósito, una vida como la de Rut, de trascendencia más allá de sí misma, donde dar a otros es el objetivo final. En una sociedad así hay libertad. La libertad para el judaísmo implica responsabilidad con la otredad.
Pésaj viene a recordarnos que cada uno tiene un Egipto personal del cuál salir, todas aquellas cosas que nos oprimen y nos impiden convertirnos en la persona aspiracional que vinimos a ser, que obliteran nuestro potencial y nos alejan de nuestro propósito. Miedos, vicios, relaciones disfuncionales, pensamientos limitantes, odios y rencores, prejuicios, agresión, ira, egoísmo e individualismo, falta de responsabilidad y empatía, etc., todo eso son faraones y capataces que nos mantienen sumidos bajo un yugo de pequeñez espiritual del que debemos redimirnos. Es un proceso continuo y personal, por eso nos insta la Hagadá “en cada generación la persona debe considerar como si ella misma hubiera salido de Egipto”, Mitzraim que en hebreo significa doble estrechez, estrechez de espíritu y estrechez de mente; en un mandato sempiterno que nos recuerda cada día que la redención es un acto de decisión personal, que si bien es asistido por la intervención divina, no sucede hasta que decidimos ser libres.
Ahora tal vez podemos atrevernos a decir que la “Libertad” es el acto consciente de convertirse en la mejor versión de sí mismo a través de la disciplina de las normas que nos hacen responsables para cumplir nuestro propósito en este mundo. Merezcamos todos llegar a “Zemán Jerutenu”, al tiempo de nuestra libertad.
Rab Sem. Dr. Yaakov Rodríguez
True freedom – Passover Message 5786 (2026)
Every year, as the festival of Passover approaches, social media and Torah messages everywhere become filled with the word “Freedom,” along with reflections on the importance of this universal value and right, on how we must fight for it, and how Passover once again calls us to appreciate its significance. However, most of the time we speak about freedom so naturally that we assume we understand what it is, without reflecting deeply on its true meaning.
This past Shabbat Hagadol, during the morning Torah discussion, I asked my congregation how they would define “freedom.” At first, no one was able to give a concrete answer, even though everyone initially assumed they knew what it meant. Instead, many responses arose about what freedom is not, and whether it even exists. Answers included:
- It is the ability to decide what one wants.
- It means acting without anyone imposing what to do.
- It is free will.
- Freedom does not really exist because we are conditioned by the system we live in.
- If the government or my parents decide for me, am I free?
- If one is obligated to follow laws and rules, is that truly freedom?
The concept of freedom we use today in the West is the result of a historical evolution from ancient Greece to contemporary thinkers. For the Greeks, eleutheria (freedom) meant the ability to participate in political life (the polis); the Romans defined libertas as the condition of not being enslaved and having legal rights. In medieval Europe, freedom was associated with a religious concept of being free from sin and able to attain salvation. It was not until the Enlightenment that deeper reflection on freedom emerged alongside humanism, with figures like John Locke and Jean-Jacques Rousseau describing freedom as a natural right based on autonomy and freedom of thought. In the 19th and 20th centuries, debates between capitalism and socialism centered on whether freedom meant non-interference by the state or, as Marx argued, that without true economic equality there is no freedom. In the 21st century, most systems understand freedom as the guarantee of political rights (like voting), social rights (such as health and education), and even digital rights (privacy and access to information). Yet in all these cases, limitations arise: how far can freedom go when it invades another’s space? Is that true freedom? And if restrictions are necessary to prevent chaos, is freedom truly possible or merely a utopia?
Let us now turn to Judaism, whose concept of freedom has not changed significantly since the Exodus from Egypt, through the sages of the Talmud and the Kabbalah. Each year in the Haggadah we read, “Avadim hayinu leParó bemitzrayim” (we were slaves to Pharaoh in Egypt), and we celebrate the miracles that led to our liberation from suffering and oppression, allowing us to become a self-determined nation. Then the Torah states in Leviticus 25:55: “Ki li Bnei Israel avadim” (for the children of Israel are My servants), meaning that God freed us from being servants of Pharaoh to become His servants. Is this not a contradiction to the idea of freedom? If we simply changed masters, are we not still slaves—albeit to a benevolent one? From a modern perspective, this is difficult to reconcile. However, in Judaism, freedom has nothing to do with Greco-Roman or modern interpretations.
In Hebrew, the word for freedom is Jerut (חירות), and it is directly tied to the next historical milestone after the Exodus: the giving of the Torah—the establishment of moral and ethical law to guide life. In the Torah, freedom is intrinsically connected to the ability to assume responsibility for one’s actions and to restrain impulses (the Yetzer Hará) through commandments that elevate us spiritually and allow us to reach our fullest potential.
Our sages taught regarding the Tablets of the Covenant that were engraved by God: “Do not read ‘charut’ (engraved), but ‘cherut’ (freedom).” Through this wordplay, they define freedom as the Torah itself. A person who submits to the mitzvot becomes truly free—free from base instincts and reactive nature, allowing the soul to discover its divine purpose.
The word Jerut can also be divided into Rut (רות) and Chai (חי, life). Ruth, the Moabite, whose story we read on Shavuot, chose to join the Jewish people and accept the mitzvot, bringing life and meaning. There is life in living according to the Torah, and that life is freedom.
I also asked the congregation whether a tiger in a cage is free. Everyone agreed it is not. But why? Not simply because it is confined, but because it is not fulfilling its purpose. A tiger is free when it lives according to its nature within the ecosystem. It has limitations, but those limitations create balance and harmony.
Each of us also has a purpose. We are given abilities and limitations. True freedom lies in that balance—not in doing whatever we want, but in doing what we are meant to do. The Torah provides that path, guiding us toward a life of purpose and responsibility toward others.
Passover reminds us that each person has a personal Egypt to leave behind—those things that oppress us and prevent us from becoming who we are meant to be: fears, addictions, harmful relationships, limiting thoughts, anger, egoism, and lack of empathy. These are our Pharaohs. Redemption is a personal and ongoing process, and as the Haggadah teaches, each person must see themselves as if they personally left Egypt.
Perhaps we can now say that freedom is the conscious act of becoming the best version of oneself through the discipline of living responsibly and fulfilling one’s purpose in this world.
May we all merit to reach Zeman Cherutenu—the time of our freedom.
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodríguez
