La vida de Yaakov Avinu no fue fácil, aún en el vientre materno y a la hora del nacimiento luchó por obtener su lugar en el mundo, por eso nació agarrado al talón de su hermano Esav, acción de la cual obtuvo su nombre “Yaakov”: el que toma por el talón. Lo vemos luego luchando por obtener la primogenitura, saliendo de su casa solo hacia lo desconocido, sufriendo los engaños y artimañas de su suegro malvado, y en esta Parashá reencontrándose con la amenaza de exterminio por parte de Esav.
En un episodio misterioso de esta historia, Yaakov lucha contra un ángel al que dice: “no te dejaré ir hasta que me bendigas”, entonces el ángel pregunta por su nombre y se lo cambia por “Israel”, …” porque has luchado con seres espirituales y con los seres humanos y has vencido” …El Midrash explica que éste era el Sar (ángel príncipe) de Esav, y al cambiar su nombre este reconoció el mérito de las luchas de Yaakov y así reivindica su derecho a todo lo que posee. De este episodio Israel sale renco, herido en su muslo.
La lucha con el ángel tuvo lugar la víspera del temido reencuentro de Yaakov con su hermano Esav, quien había jurado matarlo y venía hacia él con un ejército de 400 hombres. Yaakov se preparó físicamente: envió mensajeros de paz, envió regalos, organizó a su familia y a su campamento en caso de un encuentro violento. Pero no se quedó allí, nuestro patriarca entendía que a cada lucha física la acompaña una espiritual, y entonces luchó primero con el ángel de Esav, obtuvo su bendición y solamente luego enfrentó exitosamente a su hermano, pacíficamente y sin confrontación.
Maasé avot simán labanim (las acciones de los padres son una señal para los hijos), y así Yaakov nos enseña que en la vida cada dificultad, cada lucha, cada proyecto y desafío, debe ir acompañado de nuestro esfuerzo físico y también de nuestro trabajo espiritual. Así como no es suficiente con rezar y tener fe, sino que se espera de nosotros acción, de igual forma, cuando solamente actuamos por nuestra fuerza, pero ignoramos la guerra espiritual que se libra paralelamente, no estamos siendo eficientes ni equilibrados en nuestra lucha. Como dice el dicho popular: “A Dios rogando y con el mazo dando”; ambas cosas son necesarias para alcanzar un éxito que se convierta en bendición, ya que hay muchas victorias que terminan siendo una maldición para la vida, justamente porque se pelean solamente por uno de los flancos y el otro queda completamente vulnerable.
Merezcamos así recibir un nuevo nombre, aún si el precio es quedar renqueando por un tiempo. No en vano llevamos el nombre de Israel, no nos llamamos Am Abraham o Am Yitzjak, somos AM ISRAEL: los que luchan en el plano espiritual y físico, y así logran vencer.
Shabat Shalom umevoraj!
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodrigues
