Parashat Toldot – Abriendo los ojos de la objetividad

Las preferencias, esa innata característica que nos define como individuos, es sana y necesaria y la ejercemos todos los días, al vestirnos, al comer, al decidir la película del cine o el lugar para vacacionar; pero ¿qué pasa cuando se trata de personas, y más aún de los hijos? Este es uno de los temas controversiales de esta Parashá.

Nos cuenta la Torá que, de los gemelos de esta historia, Rivka prefería a Yaakov, quien era un hombre íntegro, simple y estudioso, mientras que Yitzjak prefería a Esav, quien por el contrario era una persona ruda, malvada y engañadora. Y cómo puede ser posible que Yitzjak no viera esto? Cuenta el Midrash que con habladurías falsas Esav se mostraba ante su padre como un justo.

Por otro lado, Yitzjak Avinu era un profeta, ¿cómo pudo no ver la verdadera cara de Esav y entender que no había, otro sino Yaakov, para continuar la misión espiritual de Abraham su padre? Por lo visto para Rivka esto estaba muy claro. Dice la misma Parashá que Yitzjak prefería a Esav pues comía de su caza y gustaba de la carne que le preparaba. Este pequeño y casi inocente acto de autosatisfacción mostró un rasgo de egoísmo que cegó la objetividad de nuestro patriarca. Y así aún el hombre más grande espiritualmente que existía en ese momento no pudo ver lo que estaba frente a sus narices.

Por eso dice la Torá que Yitzjak estaba ciego, no sólo literalmente sino figurativamente. Debido a su deseo de comer, su juicio estaba nublado y perdió la objetividad, tanto que estaba a punto de heredar todo lo suyo y poner al mando de su casa a su hijo idólatra y malvado, lo cual hubiera destruido en un momento toda la hazaña de Abraham y la suya personal.

La historia, sin embargo, no reprocha la preferencia de Rivka por Yaakov, por el contrario, la apoya y así Dios mismo permite que incluso a través de un engaño, Yaakov reciba el derecho de primogenitura por méritos y no simplemente por haber salido primero del vientre. Al darse cuenta del engaño, Yitzjak abre los ojos de su entendimiento y vemos como, a pesar del complot, él se une con Rivka para nuevamente bendecir y aconsejar a Yaakov Avinu sobre cómo continuar la misión de engendrar al Pueblo Judío.

De la historia aprendemos que preferir no está mal, cuando se hace con objetividad y sabiduría, más allá de las satisfacciones personales. Cuando preferimos a alguien en función de lo que nos da esa persona y no basado en sus méritos y cualidades, nos quedamos ciegos y podemos incluso destruir el mundo aun queriendo repararlo. Quiera Dios darnos sabiduría y la capacidad de subyugar nuestros deseos mundanos para que no nublen nuestro juicio.

Shabat Shalom umevoraj!
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodrigues

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