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Posterior al evento fantástico que experimentó Am Israel durante Matán Torá (la dádiva de la Torá), Moshé siguió enseñando al pueblo una diversidad de Mitzvot a las faldas del Monte Sinai. Todas estas Mitzvot eran “Mishpatim”, leyes de contenido social y jurídico, destinadas a regular la sana y pacífica convivencia entre los seres humanos y con su entorno.
En la Parashá se enumeran leyes que van desde cuestiones relacionadas con la esclavitud, daños y perjuicios, corrupción y transparencia, propiedad, hasta temas de justicia social, empatía y derechos humanos. Así es, nuestra Torá, lejos de ser un compendio de normas religiosas, es un código completo de leyes que abarca todas las dimensiones del quehacer humano y su entorno.
Una ley sobresale en esta Parashá, ya que es la única que se repite dos veces en diferentes capítulos, y es la de “Ahavat Guerim” Amar al Extranjero. Esta Mitzvá es la que más se repite en toda la Torá. Explican nuestros Jajamim z’L que esto no sólo evidencia la importancia de este mandamiento, sino lo fácil que puede ser llegar a transgredirlo.
Cuando la Torá nos pide amar al extranjero y tratarlo con dignidad, nos recuerda de inmediato nuestro origen: “porque extranjeros fuisteis en la Tierra de Egipto”. La verdad es que los judíos, más que ninguna otra nación, hemos sido forasteros en todos los países del orbe. Esta Parashá también dice: “porque tú conoces el alma del extranjero”, es decir que entendemos, porque hemos estado en esa situación, sabemos lo que atraviesa su corazón: temor, incertidumbre, rechazo, explotación, soledad, necesidad y carencias, etc.
Nuestros sabios también explican que esta Mitzvá se refiere al converso al judaísmo. Tenemos prohibido recordarle su origen, ya sea de forma directa o indirectamente. Cualquier acción o palabra que pueda hacer sentir a un converso que él o ella es diferente en algún sentido, nos está absolutamente prohibida. En la tradición Sefaradí, por ejemplo, no se llama a la Torá a la persona por su nombre hebreo delante de todo el público, precisamente para evitar que la congregación escuche quién es “ben Abraham Avinu” o “bat Sarah Imenu”; los olim son llamados como: rishón, shení, shlishí… primero, segundo, tercero… Algunas comunidades modernas han incorporado esta costumbre para cumplir con este precepto de amar al converso en todo sentido.
Por irónico y absurdo que parezca, es necesario repetirnos que el racismo, la xenofobia o cualquier expresión grande o pequeña de intolerancia y sentimiento de superioridad, está totalmente prohibido por la Torá y es ajeno al espíritu del judaísmo. Es porque Hashem sabe que los seres humanos olvidamos nuestro origen, y que los judíos muchas veces caemos en la misma bajeza de quienes nos odian, que lo tuvo que repetir muchas veces, para que no quede duda: “amen al extranjero…porque extrajeros fueron ustedes”
Shabat Shalom umevoraj
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodriguez
