PARASHAT KI TETZÉ

La Torá nos ordena recordar y no olvidar seis cosas, a esto se le conoce como “Shesh Zejirot” (los seis recordatorios) y se consideran Mitzvah DeOraita, es decir un precepto dado directamente por Hashem. Estos recordatorios son:

  • La salida de Egipto
  • La dádiva de la Torá en Sinai
  • El Shabat
  • El hecho del Becerro de Oro
  • Lo que le pasó a Myriam
  • Lo que nos hizo Amalek

El Shulján Aruj y Rambam opinan que cada persona debe recordar estas seis cosas todos los días. Por esta razón muchos Sidurim incluyen estos Shesh Zejirot al final del rezo de Shajarit. En la Parashá de esta semana aparecen dos de estos recordatorios: el asunto de Myriam, la hermana de Moshé, y el tema de Amalek.

“Recuerda lo que le hizo el Eterno tu D’os a Myriam en el camino cuando saliste de Egipto”. Devarim 24:9

Es muy claro que cinco de estos recordatorios tienen una trascendencia histórica, teológica y moral que es central para el judaísmo, pero, ¿el episodio de Myriam? Todos los otros recordatorios se refieren a episodios colectivos, sin embargo, el hecho de Myriam es absolutamente individual. ¿Porqué recordar este y no otros episodios más trascendentales y colectivos como por ejemplo la rebelión de Kóraj, el mal informe de los espías u otros tantos? ¿Qué tiene tan particular lo que le sucedió a Miriam para que la Torá nos ordene recordarlo todos los días de nuestra vida?

Primero recordemos qué fue lo que sucedió con Myriam. En Parashat Jukat, los hermanos de Moshé, Aharón y Myriam, chismearon acerca de su hermano cuestionando su proceder sobre haberse separado físicamente de su esposa Tzipora. Debido a este Lashón Hará, Myriam quedó leprosa (metzoraat) por tres días. Aharon no quedó leproso debido a su función como Cohen Gadol que requería pureza, pero el reproche fue para ambos.

Aquí no estamos hablando de cualquiera, nos referimos a una mujer justa, la gran profetiza que tuvo un papel protagónico en el éxodo de Egipto, una líder espiritual del pueblo de Israel, por cuyo mérito agua brotaba de una peña durante los cuarenta años en el desierto, su gran nivel espiritual le dio de beber agua a toda una nación en medio del desierto. Hasta parece un poco injusto tener que recordar a Myriam por esto y no por lo demás.

Definitivamente una gran lección hay por aprender aquí. A pesar de su gran nivel espiritual y ser la hermana mayor de Moshé, y parte de su círculo inmediato, D’os los reprende por haber “hablado en contra de mi siervo Moshé”. Aharón y Myriam amaban a Moshé, eran sus apoyos más cercanos y no tenían la más mínima intención de dañar a su hermano, sin embargo no se les pasó por alto el haber expresado en secreto lo que parecería una honesta opinión sobre la vida de Moshé. ¿Acaso no tenían derecho a hacerlo, ellos más que nadie?

Al recordar diariamente este hecho entendemos la gravedad del Lashón Hará (murmuración, chismorrería); se habla en secreto, a espaldas del otro, en el ámbito de lo privado y sin embargo el daño que genera es profundo y colectivo, tiene la capacidad de destruir relaciones y personas. Cuando se habla del líder, puede destruir incluso a toda una comunidad. Es por eso que aún cuando las intenciones son buenas y con objetivos “constructivos”, el Lashón Hará es un pecado tan grave y sumamente destructivo.

Por eso recordamos lo que Hashem hizo a Myriam, porque si a esta gran Tzadeket (mujer justa) no se le permitió una mínima opinión dicha acerca de su hermanito menor, al que cuidó en su trayecto por el Nilo mientras este flotaba en un canasto, cuánto más grave es cuando nosotros hablamos con maledicencia e intriga de otros.

Recordemos y no olvidemos que quien habla de frente construye, las opiniones que tenemos sobre alguien le pertenecen tan solo a esa persona, y si no sentimos la capacidad para decirlas de frente es mejor callar con uno mismo, como dice Pirke Avot: “Siag lajojmá shtiká” (el cerco que protege la sabiduría es el silencio).

¡Shabat Shalom umevoraj!

Rab Sem Dr. Yaakov Rodríguez

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