English translation found below
Esta semana leemos dos Parashiot, ambas tratan el tema de la impureza en diferentes manifestaciones físicas, tanto en las personas como en los objetos u hogares. A diferencia de la acepción popular sobre interpretar la impureza como suciedad o contaminación, en el judaísmo, la Tumá es un concepto completamente distinto. En Tazría se nos enumeran causas de impureza todas relacionadas al potencial de generar vida, de aquí entendemos que el concepto de Tumá está relacionado directamente con el vacío que queda después de que una posibilidad de vida se rompe o interrumpe, ese vacío genera una fuga de energía espiritual, y la Torá señala la necesidad de restaurar este estado a través de un ritual de reconexión.
No obstante, en Metzorá se nos habla de un tipo de impureza muy distinto, nos referimos a la enfermedad Tzaraat, una condición dermatológica similar a la lepra que aquejaba a las personas en un estado de degradación espiritual. Nuestros sabios comentan que esta manifestación en la piel de las personas respondía a quienes habían cometido el grave pecado de hablar Lashón Hará, una transgresión cometida en oculto y por lo tanto manifestada en público. .
Cuando hablamos mal de una persona ya sea a través del chisme, la murmuración, el juzgamiento e incluso la adulación, no vemos muchas veces de forma inmediata, el daño que se está causando, incluso podemos llegar a pensar que es completamente inocente e inofensivo. No es sino cuando el daño es profundo que empezamos a ver manifestaciones externas de esta forma de actuar. El problema con el Lashón Hará es que poco a poco destruye el tejido social y puede llegar a destruir comunidades y pueblos enteros.
No menos grave es el efecto en la persona que acostumbra hablar mal de otros. Volviendo a la definición de impureza como el vacío, esta es la única que no está asociada a una secreción corporal, relacionada con la reproducción; y vale la pena preguntarse ¿si nada salió del cuerpo donde quedó el vacío? El Lashón Hará crea un vacío grande en la persona y es al mismo tiempo la manifestación externa de la desconexión que esta persona tiene con el concepto de Divinidad. Las palabras impuras que salen de nuestra boca también destruyen el potencial de la vida. Quién habla mal de otros, y no considera el daño que hace a sus semejantes, no entiende el concepto de Shema Israel, su desconexión es tal que no puede reconocer la presencia de Dios en las personas que lo rodean.
Cada Lashón Hará que decimos nos aleja de nuestro potencial de ser luz. Nos convierte poco a poco en personas vacías; quien se habitúa a esta práctica termina, no pudiendo percibir a Dios en ninguno de los aspectos de su vida, se aísla de la comunidad y se convierte en un leproso o Metzorá.
La Torá establece también para esta condición, una posibilidad de redimir y reintegrar a la persona dentro de la comunidad, liberándola de su impureza y de su vergüenza pública. Confesar el pecado y reconocer el error era parte indispensable del proceso de purificación. Cuando somos conscientes del daño tan grande que produce hablar mal de otros, seremos muy cuidadosos, en decir, incluso palabras inocentes acerca de cualquiera. El primer paso para elevarnos y ser personas espiritualmente plenas es el alejarse por completo de esta práctica.
Shabat Shalom umevoraj!
Jódesh Tov!
Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodriguez