Parashat Vayejí – La bendición de ser judío

La vida física de Yaakov Avinu llega a su final en esta Parashá. Antes de reunirse con sus padres se dispone a realizar la última de sus misiones, bendecir a sus hijos y a sus nietos.

En una hermosa profecía el patriarca otorga una bendición a cada uno de los precursores de las doce tribus de Israel. No obstante, hoy día cuando bendecimos a nuestros hijos cada noche de Shabat, no utilizamos el texto de bendición otorgada a Yehudá o a Yosef, utilizamos el pasuk: “Que te ponga D’os como Efraim y Menashé”; ¿porqué? ¿qué de especial tenían los nietos de Yaakov que nos ordenó bendecir así a nuestras generaciones? Poco se menciona realmente de estos personajes en el texto bíblico.

Menashé y Efraim son los dos hijos de Yosef, nacidos en Egipto. No conocieron a su abuelo sino hasta ser dos muchachos grandes y toda su vida estuvieron rodeados de una cultura egipcia llena de idolatría y libertinaje y a pesar de ello su esencia espiritual no fue contaminada. Con su bendición, Yaakov nos estaba otorgando a todas las generaciones de Am Israel la fortaleza para sobrevivir la oscuridad del mundo en el exilio. La grandeza de un judío reside principalmente en la capacidad de mantener su esencia divina en medio de un entorno hostil, y esa fuerza nos ha permitido sobrevivir milenios de persecuciones e intentos de exterminio.

Otra hermosa lección aprendemos de Efraim y Menashé; a la hora de darles su bendición Yosef coloca al primogénito, Menashé, a la derecha de Yaakov, y a Efraim a su izquierda. Sin embargo, el patriarca cruza sus brazos, Yosef reclama: “no padre, pues el primogénito es este”, a lo que el patriarca responde: “lo sé, pero el menor será más grande que el mayor”. Ya la Torá nos ha venido mostrando con claridad que son los méritos de una persona y no su posición social o de privilegio lo que otorga grandeza; Ishmael odió a Yitzjak por esto, Esav intentó matar a Yaakov, y los hermanos de Yosef lo vendieron como esclavo. Menashé es el primero que, a pesar de ser sustituido por su hermano en importancia, acepta con humildad el decreto divino y no genera ni siquiera un pequeño reclamo, siguió amando a su hermano y aceptó su destino; esto lo hizo merecedor de convertirse en la tribu más numerosa y con mayor cantidad de territorio en Eretz Israel.

La bendición de Israel es entonces que tengamos la capacidad de permanecer judíos y judías aún en el más hostil de los entornos y que podamos asumir con humildad y alegría nuestro lugar en el mundo.

Shabat Shalom umevoraj!

Rab. Sem. Dr. Yaakov Rodriguez

Spread the love
en_USEnglish